Migrar a la nube puede ofrecer elasticidad, servicios administrados y nuevas opciones de integración. Pero mover una aplicación sin entender sus dependencias puede trasladar problemas existentes a una infraestructura diferente.
1. ¿Qué depende de qué?
Aplicaciones antiguas suelen depender de archivos compartidos, servicios locales, tareas programadas, impresoras o bases de datos que no siempre son evidentes.
2. ¿Cómo se comportan los costos?
El costo debe analizarse según uso real, almacenamiento, transferencia, respaldos y servicios adicionales.
3. ¿Qué requisitos de seguridad existen?
Identidad, cifrado, redes, auditoría y gestión de secretos deben formar parte del diseño.
4. ¿Qué pasa si la conexión falla?
La dependencia de conectividad puede ser crítica para algunas operaciones.
5. ¿Cómo se recupera el servicio?
Una migración debe incluir respaldos, recuperación y procedimientos operativos. El objetivo no es simplemente cambiar de servidor: es mejorar la forma en que el sistema puede evolucionar y mantenerse.





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