Muchas aprobaciones todavía viven entre correos, mensajes y documentos adjuntos. El resultado es predecible: solicitudes perdidas, dudas sobre quién debe aprobar y poca evidencia cuando se necesita revisar el historial.
Un flujo digital permite definir responsables según monto, área, tipo de solicitud o proyecto. También puede contemplar delegaciones, fechas de vigencia, observaciones y archivos de respaldo.
El beneficio no es solo velocidad
Además de reducir seguimiento manual, un flujo bien implementado genera trazabilidad. La organización puede conocer cuándo se envió una solicitud, quién la revisó, qué observó y en qué estado se encuentra.
Automatizar un proceso no significa eliminar sus controles. Significa convertirlos en reglas visibles y repetibles.





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